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El sentimiento de culpa –por dispares razones, a veces tan recónditas que es difícil desarraigarlas- es inherente a la condición humana. Nadie se libra. Os lo digo yo, que este verano tardé semanas en reconocer la causa de cierto comportamiento de este servidor, y resulta que aquella fue la culpa, ni más ni menos. No sé si los griegos vivieron libres de ella, Gore Vidal opina que sí, pero desde que en el siglo V algunos avispados se inventaron esa cosa llamada cristianismo, la culpa, hijos míos, es nuestra auténtica madre.
A lo que voy es a que todo el crédito que compañeros de partido, votantes y demás simpatizantes de Aznar dan a sus últimas palabras durante la presentación de su libro no puede obedecer a otra cosa que a la culpa. Porque pensar que se debe a algo más que eso, a la intención de arañar un rédito electoral, por ejemplo, no cabe en nuestras entendederas. ¿No? Hijos míos, la culpa es nuestra madre y vuestra esposa y nuestra hermana, y aquí hay mucha gente sintiéndose culpable. Aznar tal vez no, él sólo es un saco de pelotitas de odio, odio concentrado como las pelotitas de detergente, tan concentrado que se torna difuso en sus orígenes. No sabe si odia porque los votantes no lo votaron, porque tuvo que mentir para intentarlo, porque los periódicos internacionales y las wikipedias del mundo lo despachan como la muñeca rota de los desmanes de Bush en 2004, porque quizá alguno de sus mejores amigos le miren raro a partir de aquellos días. Pero los demás, la gente que lo sigue y respalda, ellos sí se sienten culpables. Y hacen aquello que Freud definió –en esto no se equivocaba- como ‘racionalización’.
Pues muy bien, queridos seguidores: una píldora de perdón, si es que soy quién para ofrecerla. Os perdono. En especial porque no sóis culpables de nada, así que es fácil. No sóis culpables del horror extremista. Ni siquiera el partido que seguís lo es. Los culpables están muertos o en la carcel –y no me gusta citar a un ministro, los ministros raras veces tienen altura intelectual para merecer una cita- pero en este caso lo suscribo. Ojalá nadie os mienta a sabiendas o se invente teorías conspirativas ante cuestiones que os afecten directamente, porque notaréis lo injusto de la situación, amén de lo inútil. Y relajaos. Dejadlo atrás. Todo en este mundo es un problema de pasta excepto en oriente, donde además es un problema de ideología, si es que a la religión se le puede llamar idea. Es la injusticia económica lo que nos ha llevado hasta aquí. Aznar no es tan importante.

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