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En Europa –en el Medio Oriente también, en Asia menos- se hace mejor cine que en USA, con permiso de la industria, de la pasta y, está claro, de Allen, Jarmusch y el cine independiente de ambas costas, en general. Esto no quita para que muchas de nuestras pelis favoritas sean americanas, vale. Pero yo me refiero a ese nuevo estándar, el de opinar que ‘Seven’ es una obra maestra, que ‘American beauty’ merece su Oscar –de hecho lo merece, lo que no dice mucho ni de la peli ni de los premios en cuestión-, que Tarantino es un genio de nuestro tiempo. Pues bien, hijos míos: ‘Seven’ es ridícula, ‘American beauty’ es algo peor –pretenciosa-, Fincher es mediocre –a excepción de en su última peli del asesino en serie- y Tarantino ídem –a excepción de en ‘Kill Bill 2′-. Y no, ni siquiera esas películas. Pero no nos enrollemos, simplemente quería decir que no estoy de acuerdo en algunas cosas del canon, que mientras se pueda hablar de los expresionistas alemanes, de los neorealistas italianos, del Almodóvar de los ochenta, de Berlanga, de Saura, de algunos franceses, de los cómicos ingleses de finales de los 60, de ‘El séptimo sello’, de Kurosawa, de Passolini, para qué gastar tinta elogiando ‘Crash’.
A lo que iba yo es que algunas veces, oyes, ves una peliculita de Hollywood que tiene algo que, sí, lo voy a reconocer, no tenemos por aquí, en el resto del mundo. Y es esa especie de cualidad mundana, cosmopolita, indirecta, decadente y muy, muy, muy occidental que yo llamaría ‘sofisticación’. Ellos, muy de vez en cuando, hacen como nadie películas ‘sofisticadas’. Y eso, a los habitantes de una urbe masificada como Madrid, nos atrae. Como poco, podemos decir que nos llega el mensaje.
Así que, de nuevo, no os voy a recomendar ‘Michael Clayton’, y del mismo modo no lo haré porque también esta vez se piró una parejita del cine, también detrás de mí, también bufando de cabreo porque aquello no era lo que esperaban –eso les pasa por esperar-. Pero a mí me gustó. Porque es sofisticada. Porque hace de la elipsis un arte –lo mismo esto es lo que acabó con la paciencia de la parejita-, porque demuestra que, ciertamente, los guionistas de Hollywood van a las mejores escuelas de guión –las únicas, supongo-, porque, como en todos los sitios, en Norteamérica hay personas inteligentes –creedme-, y ese Tony Gilroy –escritor y director de la peli, responsable de las de Bourne, ya apuntaba maneras, aunque perpetró guiones como el de ‘El abogado del diablo’- lo es. Neoyorquino de sangre y alma, podréis decir que claro, que Nueva York no es USA, pero démosle a ese país un voto de confianza.
Y escribe y dirige una escena de cine maestro, la de padre y el hijo a bordo del coche, mientras el primero lleva al segundo al colegio, donde por primera vez que yo recuerde un adulto habla a un hijo asumiéndole toda la inteligencia y desde la debilidad completa, y la piel se me puso de gallina, aunque para nada servía esta escena en la trama central, pero yo sé cómo son los guionistas. Son buenos o no lo serán jamás. Y a los primeros les permitimos todo.
George Clooney, que también es bueno en esto del cine, aunque mal actor, no la caga, y ya es algo. No os perdáis la escena final, el protagonista a bordo de un taxi diciéndolo todo con una mirada, con un resoplido. Una buena película. La mejor de abogados de los últimos tiempos. Pero ya sabéis, se perderá en el mar de trivialidades navideñas que se nos avecina… como lágrimas en la lluvia… ¿olvidé mencionar ‘Blade Runner’ en mi primer párrafo?

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