You are currently browsing the daily archive for Enero 14th, 2008.

Leyendo el blog de un buen amigo recuerdo que estas navidades atravesé, como quien atraviesa un río ancho, quieto y putrefacto, la penúltima manifestación de la familia. Inusitada mezcla de mítin político y misa dominical –sólo les faltó repartir las hostias, por ahora me refiero al concepto original-, me tapé la nariz y junto a mi anonadada familia –mi hermana mayor, sus hijos, los novios en pecado de éstos, mi cuñado- me zambullí en aquella estampa del XIX a la altura de Recoletos, de camino al Museo Arqueológico. Fue rápido, pero intenso.

Era difícil explicar a la novia alemana de mi sobrino, o al novio inglés de mi sobrina, que aquella increíble congregación de personas cabreadas con mochilas blaquiamarillas –‘vatican flag’- ocurría a apenas dos manzanas de Chueca, corazón de uno de los espacios más vivos, tolerantes y verdaderamente cosmopolitas de la vieja Europa, barrio homosexual en principio, orgullo de cualquier madrileño inteligente en el fondo. En el museo, entre capitel y retablo, escuchabas las reflexiones escandalizadas de la gente normal:
-¿Pero has visto eso?
-¿Y la hilera de autobuses en Santa Engracia?
-¿Y ese niño en camiseta helado de frío?

Atravesaba los cúmulos de jubilados enfadados y escuché las palabras amplificadas del orador del momento –¿quizá algún obispo?, me perdonaréis por no reconocerlo-, en tono de homilía:
-Jesucristo nació de un hombre y una mujer. Y ahí está, queridos amigos, el origen de la familia.
Nada que oponer a las premisas básicas de la procreación. Espero no ser el primer homosexual del mundo en admitirlas.
-Ahora nos quieren hacer creer que un hombre y otro hombre pueden formar una familia.
Y ahí comenzaban mis discrepancias. Porque recordaba yo la cena de la noche anterior en casa de mi hermana, donde mi novio fue admitido con la normalidad con que se admite en mi casa a cualquier pareja, y jugamos todos al Singstar, mis padres –nacidos en los años 20– en un lado disfrutando de la algarabía, mis sobrinos cantando con mi novio, o yo con sus parejas angloparlantes, mis hermanas haciendo las coreografías detrás del sofá, mis cuñados cabezeando de sueño –también esto es un clásico navideño, ¿no?-, y pensé que la mía era una familia en toda regla. Pensé que si, de algún modo, yo tenía hijos en el futuro, éstos encontrarían una familia sana y feliz. De hecho, pensé un poco preocupado, conociendo a mis hermanas, que hasta les sobraría familia.

Mi concepto de familia, me lo tendrán que respetar los obispos y los usufructuarios de mentes endebles, es claro e irreprochable: una familia es un grupo de personas –entre 2 y 99, como en los Juegos Reunidos Geyper- unidas por lazos afectivos y en el que las personas más débiles encuentran el cobijo, la ayuda y el impulso de las más fuertes. Dos conceptos añadidos, por tanto, al primitivo concepto de ‘grupo’: que haya amor más o menos multidireccional entre las personas que lo integran –espero que nadie tenga nada en contra del concepto de ‘amor’, el leiv-motiv más aparente y cacareado de la Biblia- y que haya personas cuyas carencias –afectivas o materiales- puedan suplirse con los exedentes de otras. Por mi parte, tenemos una familia. Es genial cuando las personas que se quieren tienen lazos sanguíneos, o cuando las personas que necesitan ayuda son los hijos biológicos de los otros miembros. Es perfecto –o puede serlo, que mirándote las tasas de divorcios, o peor aún, de malos tratos, el adjetivo ‘perfecto’ casi lo dejas para el plano-secuencia del ejército en ‘Expiación’-, pero nada más.

Así que, iglesia y usufructuarios de mentes endebles: inflad vuestros autobuses, atizad vuestras parroquias, arrastrad a vuestros hijos a la pulmonía o a la insolación, pero no podréis evitar que mi idea de familia se multiplique por el mundo civilizado. Ocurría antes de vosotros y ocurrirá después. Exhalamos felicidad y buen rollo como los árboles exhalan oxígeno, y no sé cuál de ambas exhalaciones es más provechosa para desterrar la oscuridad de este mundo –la segunda, venga, va-. Alguno de vuestros hijos seguirá nuestros pasos, y lo único que me duele es el sufrimiento que a aquel le queda por delante.

¿De qué hablo?

MI ANTIGUO BLOG

Si quieres saber más de mi madre, de mi tía la monja y de 'tó eso', visita mi antiguo blog.

NAVEGA POR MIS POSTS

Enero 2008
L M X J V S D
« Dic   Feb »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031