132.000 personas que profesan la religión islámica han firmado un manifiesto para retirar de Wikipedia una imagen donde se aprecia la efigie del profeta Mahoma. Son 132.000 y son personas. Qué duda cabe. Según los postulados del Islam, la representación gráfica de los profetas no es algo permitido, pues arrastra a la idolatría de imágenes en lugar de a la reverencia de los profetas mismos.
No hay que ser un lince para darse cuenta de que las personas que profesan el islamismo tienen un serio problema con la representación. Que se lo pregunten a los daneses, que son de espíritu tranquilo –y aconfesional, por tanto- y aún tienen el susto metido en el cuerpo. Sin embargo, uno, que hace un par de años se tragó un tocho erudito –yo de lo erudito pillo la mitad, también hay que he decirlo, por eso abandoné este domingo un libro de Chomsky en la misma linea de cajas de la Fnac, a pesar de que teóricamente me apetecía- acerca de hasta qué punto la representación es inherente a la condición humana, se pregunta lo siguiente: ¿no es, por ejemplo, la peregrinación a la Meca una vez en la vida un sublime acto de representación? ¿No está lleno el islamismo, como cualquier otra religión, de manifestaciónes que no son otra cosa que actos de representación, representación de la divinidad objeto de culto, de los preceptos a seguir, de los castigos a afrontar? ¿No es cada parábola, cada versículo de cualquiera de sus libros digamos nodriza meros actos de representación? En fin, que las representaciones gráficas en formato bidimensional, tal vez por ser el extremo ‘descarao’ y más barato de la representación, la representación que hasta un niño tonto entiende, vaya, parece que cuentan con la candidatura favorita para arder en los fuegos del infierno –ahora mismo no coloco yo lo análogo al infierno en el Islam, pero lo habrá-.
Los de Wikipedia, que tienen unos huevos como kiwis, han dicho que no piensan tocar la imagen, pero yo creo que se ablandarán. La comunidad islámica, o una parte de ella, sabe hacerse entender. No me preguntéis si sus modos de persuasión son enteramente contemplados en el Corán, aún no me llego en esa página.
Yo, que no tengo otra religión que la dignidad humana –aún no tenemos iglesia, pero es que, como somos honestos, nos encontramos con serios problemas de financiación-, flipo de cuando en cuando con las cosas del espíritu. Un anciano que vive en el centro de Roma –en unos apartamentos cojonudos, podría decir, pero vosotros no me leéis por el chiste fácil- y que se parece un montón a mi abuela, la difunta Jandra, cuyas hilarantes experiencias encontráis en los primeros posts de este blog hace ya un par de años, habla y escribe con profusión acerca de términos como el espíritu, la carne, el pecado y el infierno. Y añade, encima, como en un esforzado intento de impresionarnos, que son cosas que no se explican en un par de días, y menos a un neófito en teología.
Mira, yo entiendo que para meter en esta almendra deteriorada la movida de las once dimensiones de la física cuántica hace falta algo más que boli, papel y un buen sofá. Pero para creerme que el espíritu santo son tres en uno, como el desatascador universal, invítame a un whisky cola y la misma barra del bar me vale. Como se dijo Josefina a sí misma al ver a Napoleón cernirse sobre ella en la noche de bodas, ‘adelante, es un acto de fe’.
Hay mucha gente por ahí que viene a hablarme del bien y del mal, del perdón, de la piedad y la fe. Vienen con libros debajo del brazo, libros bien escritos, auténticos novelones, narrativas adelantadas a su tiempo, estructuras arriesgadas como ‘Memento’, historias increíbles como la peli aquella de la rubia pija que termina siendo una abogada del copón. ¿Pues no se abre el mar de cabo a rabo a golpe de bastón? ¿Y no se cierra cuando pasan los malos? Lo que ocurre es que hace ya unos cuantos años, yo, en la soledad de mi cama de ochenta, cerré la última página de una novela titulada ‘Earth’, de un tal David Brin, que me impresionó como nada en esta vida. Y decidí que aquella sería mi Biblia. Y en las mismas sigo.

2 comments
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14 Febrero 2008 en 3:05 pm
El Ratón Caramelón
La diferencia es que el Islam mata a los que osan criticarlo y el cristianismo a día de hoy no lo hace.
Para mi el Islam es un cancer.
24 Febrero 2008 en 2:25 pm
Blogmaster
Debo ser de los pocos a los que esta pelicula, a pesar de las interpretaciones, le ha parecido aburridisima…
Mas detalles en: http://manantial.wordpress.com/2008/02/24/critica-pozos-de-ambicion/
Un saludo