Si esperáis una reseña sesuda del segundo y último debate electoral, id a otro lado. Porque servidor lo vio, pero a trozos, alternando con ‘CSI’, prodigio de iluminación y puesta en escena –no tanto de guión, que una cosa son los guiones encorsetados en escaletas y otra cosa lo de ‘CSI’-. A la chica del vestido naranja, Olga Viza, que uno siempre recordará por enmendarle la plana a un atónito Matías Prats en las olimpiadas del 92, se le trababa contínuamente la lengua, pero no parecía nerviosa. Era una cosa rara.

¿Sabéis que Rajoy usa castellanos? En ABC publican un primer plano. Zapatero, como su propio nombre indica, unos zapatos de cordón un poco más contemporáneos. ¿Nos importa? Claro que no. Pero es que hay que hablar de lo importante. ¿Y no os da cierto gustirrinín verlos ahí, ‘a cara de perro’ –como dicen en todos los medios, esta frase se ha convertido en una muletilla, igual que la de ‘como la copa de un pino’ para referirse a los artistas-, ganándose el pan con el sudor de su frente? Que dices: ya que están ahí, jodiéndonos el rato televisivo y de paso la ilusión de vivir en un país disputado por candidatos competentes, que lo pasen mal un poquito.

En ‘CSI’ un chico guapo y rico se suicida en una fiesta y su novio toma alprazolam. No todo el mundo que toma alprazolam tiene novios guapos y ricos, pero de qué te servirían si se suicidan, pensaba yo, y regresaba al debate. Me quedaba embobado –no es políticamente correcto, aunque la política, ya lo sabemos todos, no es correcta- mirando la boca de Rajoy, todo ese tema del frenillo, toda esa problemática, y uso aquí correctamente el término ‘problemática’, que se refiere a un conjunto de problemas.

Zapatero hizo uso de los mecanismos de puesta en escena, con menor éxito que ‘CSI’ –cómo molan en ‘CSI’ las carpetillas, las bolsas de plástico con cierre hermético, las pinzas- y sacó su libro blanco, como el álbum blanco de los Beatles, de páginas duras, y Rajoy siguió con sus folios, pero esta vez los mostró del lado de la cámara, no como hace una semana, cuando, de tener las cortinas ojos, aquellas hubieran sido los únicos testigos de los gráficos del PP.

Esta vez la realización estuvo un poco más suelta, que mantener los planos le sale bien a Kubrick, no a Navarrete, y los contraplanos nos hablaron un poco más de los nervios de los contrincantes, de sus líos de papeles, de su sordera congénita. ¿No vísteis a Rajoy tirar sus papeles al suelo, para no liarse? Mejor que el plano del niño de ‘El resplandor’ con el triciclo por encima de las alfombras.

Y luego va Rajoy y rememora de nuevo a la niña –del exorcista- y Zapatero dice lo de ‘buenas noches, buena suerte’. La referencia queda clara, que no somos idiotas, pero permanece igual de inexplicable que lo de la niña, como cierre de un debate electoral.

Así que yo, después de largaros este post absurdo sobre un debate absurdo –no me negaréis lo apropiado de mi enfoque-, me despido también inexplicablemente: ¡esto es tó, esto es tó, esto es todo amigos!