Estoy sobreexcitado.
Hoy me he levantado dando un salto mortal, como los Hombres G -¿a que David Summers hoy día da un poco de repelús?-, y mi mente, como en aquella escena de ‘Mar adentro’, ha volado por encima de las olas del atlántico hasta una península no muy grande, al extremo de una isla alargada, en aquello que dieron en llamar América, al norte. Allí hay una ciudad cuyos nombres provienen del holandés –Harlem, Brooklyn-, un trozo de tierra hundida por el peso de inmensos rascacielos, una urbe sucia y barriobajera hace un siglo y medio que poco a poco se convirtió en el paradigma de urbe.
En un extremo de nuestra civilización está el individuo, lo orgánico, lo natural, lo que nos ata a la biología. En el otro extremo está la cultura, lo social, lo urbano, todo lo que hace que podamos vivir cerca unos de otros. Y eso es Nueva York. Y yo estoy sobreexcitado porque ya lo tenemos todo. Tenemos nuestro pasaporte de lectura mecánica –supongo que esta es la denominación más corta que se les pudo ocurrir, lo que da fe de la capacidad de síntesis, y por tanto de la inteligencia, de nuestros administradores públicos-, chanclas para el baño común del hostal donde nos quedaremos –os juro por mis muertos que esta vez hubiera ido a un hotel decente-, en el Upper West Side, a un paso de Central Park, billetes de avión hasta Frankfurt y luego nueve horitas de nada, tarjeta de crédito dorada para fundir en la tienda de Apple, el Lonely Planet subrayado a lápiz –para NY prefiero la de El País Aguilar-, tajetas de 2Gb para la cámara, calcetines nuevos –nueve pares, me volví loco y en Carrefour están a 3 por 2-.
Y también tenemos, quien me conoce sabrá lo que siento por dentro, en la zona interna de mis entrañas, entradas para ver Rent, el musical. Sabéis que soy un renthead como una casa, tal vez el único aguilarense renthead de la historia. Me lo sé de memoria. Lo cantaré y lloraré como una fan histérica. Más, sabiendo que el 1 de junio será la última representación en Broadway -se representa ininterrumpidamente desde su estreno en 1996-. Tal vez mis compañeros de viaje, Sara –madrileña de Lucero- y Sergio –aguilarense de detrás de Gullón-, me miren extrañados, tal vez no puedan unirse a mi viaje por la bohemia enferma de virus y de amor del Nueva York de los primeros noventa, pero hay cosas que uno debe hacer solo.
Sin embargo, lo mejor de todo lo que tenemos es, queridos amigos –quizá después de esto queráis no serlo-, tres tickets como tres soles para ver a Aretha Franklin en el Radio City Music Hall.
Sí. Aretha Franklin. La reina del soul. La más grande voz femenina viva de canción ligera. La posición número 9 en el ranking de los artistas más influyentes de la historia según Rolling Stone, y primera mujer de la lista. Y sí, en el legendario Radio City Music Hall. El teatro más afamado y prestigioso de Nueva York.
Y bueno, lo de que además coincidimos con el día de San Patricio –todo verde, todo irlandeses borrachos- y su desfile por la Quina Avenida no os lo voy a restregar por la cara, entiendo que la envidia nunca es sana.
¿Contras? El acojone que te entra leyendo lo de la pequeña bombita ayer en un centro de reclutamiento en Times Square, y recordando que el 19 de marzo se cumple el quinto aniversario de la invasión de Irak. En fin, quedémonos con Aretha.

3 comments
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7 Marzo 2008 en 4:25 pm
cas
Que cabronazo¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ssssssssssssssssssssssss
7 Marzo 2008 en 11:57 pm
Marisa
¡Pero qué cabronazos estáis hechos!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¿Aretha Flanklin?!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¿En el Radio City?!!!!!!
Y lo peor de lo peor de lo peor ¡¡¡¡¡¡SANT PATRICK DAY!!!!!!!!!
Sí, definitivamente ya no sois mis amigos. No, no, no. :PPPPP
12 Marzo 2008 en 12:46 pm
sinblancaporelmundo
Debe de ser algo freudiano esa fijación que tienen algunos de los nuestros en Nueva York antes Nieu Amsterdam.
Yo, no sé qué decirte, julitros, vivo en Londres y me da exactamente igual. Tengo todas las posibilidades de ir al teatro y ver las comedias musicales y obras habladas de las que todo el mundo habla. Pero ya no voy. A parte de que suele ser carísimo, después de trabajar y arreglar mis cosas, poco tiempo tengo nada más que para estar tranquilito en casa delante del ordenador escribiéndote un comentario.
Si vas a NY, disfruta. Y luego cuéntalo. Te van a odiarrrrrrrrrr.