¿Os acordáis cuando os comenté que mi amigo Sergio, natural de Aguilar de Campoo, de detrás de la fábrica de Gullón, allá donde Peña Aguilón se erige milenaria y magnánima y preside las cosas desde todos los lados, emergería del metro en Nueva York, se encogería de hombros, se pondría de puntillas y diría ‘pues no es tan alto’?
Pues lo hizo.
Y no sólo dijo que no es tan alto: también dijo que no es tan nuevo. Y se echó una cabezadita en el concierto de Aretha Franklin. Y se medio aburrió en ‘Rent’. Y no se impresionó con el Chrysler, mucho menos con el Flatiron, y sacó a relucir la catedral de Burgos cuando comenté que, mientras levantaban aquello como edificio de viviendas en 1903, obsesionados como estaban por no salirse de Manhattan y montárselo aunque fuera a lo alto, en España a duras penas se hacían casas de adobe de dos plantas.
Y el metro estaba demasiado viejo, y las calles demasiado abolladas, y los billetes de un dólar un atraso. Pero va el cachondo, pasa al lado de un edificio sin ventanas, feo y temible como la torre de Mordor, y eso sí le impresiona. Ahí, mira tú por donde, delante de un ministerio insulso, sí que echó de menos la cámara –se compró una cámara que se olvidaba en el hostal la mitad de los días, u olvidaba cargarla, que tanto da, es que es como llevar paraguas, decía, que no estoy acostumbrado y me lo dejo-. Y es que Sergio, además de natural de Aguilar e hijo adoptivo de Burgos, es aparejador, de esa clase de aparejadores ceñudos y poco impresionables que sólo la escuela de aparejadores de Burgos, con esos inviernos tan largos y esa catedral helada, puede arrojar al mundo.
Y con la ‘abultez’ –término comprensible para unos pocos elegidos- propia de quienes presentan estas características sociodemográficas, no se compro una, ni dos, sino tres iPods en la tienda de Apple de la Quinta avenida. Yo hiperventilándome –lo de la ansiedad es un característica sociodemográfica más propia mía, sin embargo- y él comprando iPods como quien compra acelgas para un puchero. Y luego se atrevía a meterse con los españoles que nos cruzábamos a cada paso y de quien pillabas retazos de conversación en perfecto madrileño tipo:
-¿Pero entonces mejor la de cuatro gigas o la de ocho? –esto en frente de ‘Las señoritas de Avignon’ de Picasso.
O lo mismo era yo el que me metía con estos especímenes, es que ya no me acuerdo –tenía fiebre-.
Nuestra amiga Sara, todo menos tranquilidad –el exceso de celo y el bordar la imitación de las negras de Harlem son características sociodemográficas de Lucero, suroeste de Madrid-, no podía con él. Él se encogía de hombros o ninguneaba algún aspecto newyorkino y mi amiga Sara se hacía cruces.
-Oyes, es que no puedo con él –decía, con su desparpajo de Lucero. Lucero y Harlem son dos barrios que deberían estar hermanados. Hay mucho en común ahí.
Un día Sara aprendió a imitar al Sergio, en su cosa de acariciarse la barbilla o los remolinos del pelo como gustándose, como con todo el tiempo del mundo, como en pos de un karma ahí, al alcance de tus dedos, y yo me partía la caja. Tendríais que verla. Yo creo que Sergio, cuando se gusta, se presta a la parodia.
Yo sé cómo es Sergio, porque yo soy un poco así. Si una newyorkina páfinla le hubiera dado un poco de cuartelillo, aunque hubiera sido un rato corto en alguno de aquellos insípidos bares del Village –de vuelta me he enterado que la marcha de verdad está ahora en Chelsea, maldición-, a Sergio le hubiera parecido todo mucho más alto y nuevo en Nueva York. Pero lo de salir no fue lo nuestro, porque yo estuve jodido la mitad de los días y no me llegaban las fuerzas.
Pero claro, luego salíamos –el último día en un club con vistas espectaculares del Empire State en el piso veinte de un edificio cercano- y le dejas hueco para que se le arrimen las rubias pánfilas o esas chicas orientales con minifaldas-cinturón y él se queda como de muestra –argot también para enterados-, como petrificado, poniendo carusa. No puede ser, así no puede ser. Y la Sara y yo dando vueltas por el lugar con nuestra soda en la mano, buscando huecos para admirar el panorama exterior unas veces y el interior otras. Porque, hijos míos, hay una cosa cierta. Los neoyorquinos blancos son o pijos o palurdos –no puedo con esa pinta de universitario salido-. Pero los que tienen rollo de verdad, rollo del bueno, swing, estilo, molar, como queráis decirlo, son los negros. Los negros visten bien, de hecho es como si les costara vestir mal, y tú sabes que, por si fuera poco, la belleza está en el interior. En el interior de su ropa, vamos.
Es cierto que Sara y yo no hemos sido la mejor compañía para un teórico amante de la noche neoyorquina. Pero mira tú por dónde, ya tienes excusa para volver. No hay mal que por bien no venga. Y veremos entonces, Sergio de mis entretelas, con tu Armandín de la mano, en qué queda la noche en la ciudad que nunca duerme.

3 comments
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27 Marzo 2008 a 6:29 pm
peq
“Lucero y Harlem son dos barrios que deberían estar hermanados”. No lo sabes tú bien. Está a medio camino de Harlem y Quito -indescriptible el restaurante latino donde comí el otro día, ya me he ahorrado un viaje- aderezado con unos gitanos mafiosillos tipo Kusturica.
Espero que hayas traído buenas fotos, en realidad que simplemente hayas hecho fotos. He comprobado por amigos que, por el mero hecho de ser de Nueva York, ya quedan bien colgadas en la pared.
Y sí, lo de Elliot “Mess”, es tan de libro como lo de nuestro concejal cristiano-crápula que han pillado en Baleares despues de gastarse 50.000 leuros de nuestros impuestos en chaperos. Detrás de un integrista sólo puede haber dos cosas: un cretino o un hipócrita.
27 Marzo 2008 a 6:40 pm
hijodejuliete
je je, sé que eres otro nativo de Lucero, y con Sara ya van dos personas que son de Lucero y que me embelesan… así que bendito barrio!
mis fotos no creas q son muy allá, aunque cierto que agradecidas -hace poco hacía yo esa misma reflexión-, pero cometí el error de llevar tb la cámara de vídeo, y eso de dividir el impulso artístico en dos formatos hace que ni una cosa ni la otra. pero bueno, daré a conocer alguna.
1 Abril 2008 a 4:28 pm
armandin
Para dos veces que me nombras en este blog he notado cierto retintin sobre todo en la segunda.Mira que eres.Paciencia tenemos contigo los aguilarenses,jajajaja.