Queridos aguilarenses todos. ¿Vosotros os imagináis, un poner, que cualquiera de nuestros alcaldes sucesivos, de uno u otro signo, se convierte, sin solución de continuidad, de golpe y porrazo, sin ningún estadio inermedio, en vicepresidente del gobierno? Y tiene que ser un alcalde que no hubiera salido jamás del país, que se hubiera sacado el pasaporte el año pasado, pongamos. Que dicho alcalde tuviera una hija de 17 años embarazada sé que no nos importaría, que en Aguilar somos muy viva la Virgen, y si hay que embarazar siendo un imberbe adolescente se embaraza, que la Cascajera tiene un embrujo especial.

Un poco sí que fliparíais. No porque no nos gusten nuestros alcaldes, que nos gustan, sino porque, hombre, digo yo que, aparte de la fama mundial que cobraría súbitamente nuestro pueblo, y un poco de fama no nos vendría mal, en el fondo de nuestros corazones creeríamos que a nuestro alcalde el nuevo puesto le viene pelín grande.

Pues esto es lo que ha ocurrido en un pueblo de los de ‘Doctor en Alaska’ en Alaska, donde indudablemente son mucho más palurdos que nosotros, con la flamante aspirante a vicepresidenta del gobierno de Estados Unidos por el Partido Republicano. Sarah Palin: defensora de la familia tradicional, cristiana fundamentalista, aspirante al título de Miss Alaska en su juventud –con aquella pinta a medias entre recatadita de pueblo, guarrilla de extrarradio y reno- y con una hija púber embarazadísima –esta no es la guarrilla de pueblo de la última generación, sino directamente la tonta de dicha población, porque vale que tu madre repudie la anticoncepción, pero nena, un condón no sólo te libra de embarazos indeseados, sino que te salva la vida-.

A la señorita Palin no le gusta el aborto, pero sí está a favor de la pena de muerte y gusta también de madrugar para salir a cazar. A mí, personalmente, a pesar de las evidencias fotográficas, me es difícil imaginarme a esta numeraria de la Asociación Nacional del Rifle apostada entre dos riscos, sino más bien… no sé cómo decirlo… ¿sabéis esas pelis porno en que secretarias entregadas ejercitan el miembro de sus partners hasta que la semillita de papá se derrama sobre sus gafas –que no se han quitado ni un momento, al igual que el moño, y dichos anteojos, ahora inservibles, concentran el componente fetichista del filme-? Pues eso.

Así que la señorita Palin va a ser el azote de atolondrados demócratas en un país donde la hipocresía es el circo y el circo es la política, y en la pista central, señoras y señores, están las elecciones presidenciales. Por un lado un demócrata negro con dos libros de memorias publicados antes de ganar nada, y por el otro el tipo de las patatas –McCain-, veterano de Vietnam –o sea, como un cencerro- y única persona en este mundo cuya estatua de cera parecerá más humana que su propia persona. No puedo con él. Por supuesto, el mundo sería un lugar un poco mejor si ganara Obama. El dólar se fortalecería –el euro palmaría un poco, en fin-, el barril de crudo se abarataría y tal vez la recesión lo sería un poco menos, cortesía de Wall Street, y en general moriría menos gente.

Lo peor de esta mujer, lo que me ha sacado de mis casillas, es que apoya las teorías creacionistas. Si no conseguimos librarnos del poder arcaico de la religión, si de pronto la evidencia científica –bien que le hacemos caso cuando vamos al médico o cuando vamos a parir o cuando queremos que nuestro coche alcance los 140 o cuando navegamos por internet- es papel mojado, si de pronto la fe –cree esto porque lo digo yo / ¿y por qué? / Porque lo digo yo- prevalece sobre la razón –creo esto / ¿ah sí? compruebalo / parece que es cierto, dejemos que los demás opinen a ver si no lo tiran abajo / la cosa se sostiene, creámoslo de momento-, si de pronto el mundo se pone a girar por obra y gracia del espíritu santo, entonces, amigos, entonces aún queda mucho sufrimiento para nuestros congéneres presentes y futuros. Pero de esto hablaré en otro post.