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La televisión descubrió a principios del presente siglo un nuevo modo de incrementar drásticamente audiencias. Se llamó ‘Idol’ –en España ‘Operación Triunfo’- y consistió en la despersonalización de la música popular. En realidad, sólo dio el golpe de gracia a lo que ya venía ocurriendo desde mediados de los noventa. La función creativa quedó para siempre separada de la función comercial. A partir de ahora será muy dificil que a vuestras casas, a vuestros oídos, a vuestros iPods, llegue música popular de calidad. No llegará, desde luego, a no ser que hagáis una búsqueda activa.
Los modernos escucharéis a Rihanna, los alternativos a Artic Monkeys, los nostálgicos lo siguiente de U2 o la enésima recopilación de Nirvana, los enterados las recopilaciones de música balcánica de la FNAC. Y en vuestra caverna de Platón creeréis que aquello es lo mejor de cuanto alcanza a la vista. Pero recordad: vivimos en la caverna oscura y pequeña que los medios han construído para nosotros, millones de consumidores con orejas. Porque necesitamos la imagen para que se nos venda música, y de ahí el engaño, ahí nuestra ruina. Ponemos un 10 a aquello que de otro modo sólo pondríamos un 2. ¿Qué tienen que ver los ojos con los oídos? En fin, es largo de argumentar.
En una mañana fría de 1972, un chico alto y desgarbado, pelo largo descuidado y pantalones demasiado cortos, entró en las oficinas de la Island en Londres y dejó unas cintas de 8mm en la recepción. Un album en pistas preparado para mezclar y masterizar. Salió sin decir una palabra. Los ejecutivos de Island tardaron una semana en darse cuenta de que Nick Drake había entregado ‘Pink moon’, su tercer y último álbum, renunciando a cualquier tipo de promoción, incluidas presentaciones en directo. ‘Esto es todo lo que tengo que decir’, había confirmado por teléfono a los estupefactos agentes de la discográfica. 35 años después, ‘Pink moon’ está en el puesto número 48 de los mejores discos de la historia para el Melody Maker. Aparece en las listas de mejores álbumes de la historia de Rolling Stone, Q Magazine y otros. AllMusic Guide le da 5 estrellas sobre 5 en sus páginas. En el año 2000, Volkswagen utilizó la canción que dio nombre al álbum para uno de sus anuncios y el disco de Nick Drake se colocó esa semana en el quinto disco más vendido en Amazon.
‘Pink moon’ es la belleza desnuda, la introversión luminosa convertida en música universal. No ha envejecido un ápice y suena y toca las cuerdas de la armonía en nuestra cabeza, las cuerdas de la alegría y la compasión, la inocencia de los niños y la tristeza de los adultos buenos. ‘Pink moon’ es la belleza. Sólo eso. Todo eso.
Nick Drake murió dos años después, en el otoño de 1974, a los 26 años, en su cama de siempre en la casa de sus padres, a causa de una sobredosis de antidepresivos. Exhausto, había renunciado al intento de hacerse un hueco en el negocio musical -sólo había vendido un puñado de miles de copias de sus tres discos- y había regresado a casa. Lo abandonó todo. Pero Island, que no contó con una sóla imagen en movimiento de Drake –no existen-, nunca ha podido descatalogar sus discos desde entonces.
David Bisbal nunca se suicidará. Sacará discos y más discos, venderá mucho más que Drake, pero ni en la suma de todos ellos habrá tanta Música –notad la mayúscula- como en tan sólo los primeros acordes de ‘Pink moon’. Para gloria de Nick Drake. Y para nuestra desgracia.
Hijos míos, me pilláis sin tiempo. Un post rápido para recordar mi dolor… acerca de cómo Springsteen -que nos sigue cayendo genial, de quien admiramos cada día más su humildad y activismo- lleva 5 discos -o más- sin un asomo de chispa. ‘The wild the innocent and the E Street Shufle’ (1973), ‘Nebraska’ (1982) y ‘Tunnel of love’ (1987) son obras maestras de la música popular, ejemplos evidentes de cómo el genio humano logra comunicarse, explicarse y alcanzar la zona profunda y oscura, la más sensible, la que en un ejemplo paradigmático de metáfora llamamos corazón.
Pero a Bruce le produce ahora un tío coñazo, un mago del estudio y abanderado de la compresión, que no lo hizo mal con Train pero no le pega nada a Springsteen. Y ‘Magic’ es de nuevo un disco plano, sin aristas ni acidez, sin justamente eso, magia… tal vez las canciones estén ahí, pero quedan sepultadas debajo de capas de overdubs. Y digo tal vez, porque ni siquiera está claro que el genio compositivo aún perdure.
Sin embargo, Patti Scialfa -a la que algunos fans acérrimos del Jefe pitan inexplicablemente en los conciertos, como si fuera culpa de ella que su chico elija mal a sus productores- vuelve a sacar un album estupendo, después de su excelente ’23nd Street Lullaby’ (2004). Echadle un oído a ‘Looking for Elvis’, primer single. Aquí sí hay magia.

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